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Calzonazos TOP

By Nuwanda


Tengo un amigo que es un calzonazos.

Bueno, en realidad no lo es, en realidad es un mujeriego de lengua afilada, agenda caliente y erección fácil pero cuando una chica le gusta es incapaz de no comportarse como un calzonazos de Champions, un calzonazos TOP. Y no parece tener remedio.

Gracias Facebook

By Nuwanda


"Lima", dicen en la descripción.

Una de las cosas que más me gusta de Facebook es la música que comparte la gente. Uno de los puntos fuertes de tener muchos amigos es que puedes encontrar una diversidad de gustos musicales perfecta para alguien con tan sólo unos pocos prejuicios musicales inamovibles. Aunque lo más llamativo son esas personas que han desarrollado una interesantísima y envidiada capacidad de hacer comentarios periódicamente con reflexiones propias, geniales en la mayor parte de los casos. 

Facebook y yo tenemos una relación de amor y odio. Sí, me ayuda a recordar cumpleaños, ver las fotos del grupo de amigas de mi ex-novia en verano y, a veces, sólo a veces, leer artículos interesantes. No seré yo el que niegue las utilidades de la red social.

Yo voy a ser el que diga lo peor de Facebook.

Cuando el mundo fue nuestro y perdimos la batalla

By Nuwanda

Ese tiempo existió, un tiempo en el que todo fue posible, en el que el mañana era un misterio, una lección nueva que aprender, un mundo por conquistar y mil experiencias nuevas por conocer, todo un lujo que disfrutábamos desde primera hora del día hasta el último de los segundos.

El pasado nunca era mejor y el presente quedaba totalmente hipotecado a nuestro proyectado futuro. No había tarea más importante que la de crecer fuertes y unidos para tumbar los muros que nuestros padres habían levantado entre nosotros y el resto del universo.

"Para que no os perdáis" decían mientras nos ataban los cordones de aquellos incómodos zapatos ingleses...

"Y ojito con lo que hacéis" añadían antes de perdernos de vista un rato.


Tenías que tener novio

By Nuwanda



Un día me levanto totalmente inconsciente. Es jueves por la mañana, las 7:30 de la mañana para ser exactos, y me deslizo por el suelo hacia el baño en busca de mi aseo diario tropezando con la mesa, los zapatos, inmóviles desde la noche anterior, y el calefactor que debería tener guardado desde hace dos o tres semanas.

Afeitado estándar. Ducha estándar. Peinado estándar. Elijo una de las camisas elegantes. No hay muchas pero la exploto bien. Camisa azul claro con rayas blancas y corbata granate con lunares de color azul marino combinado con un traje también azul marino. Me sé seis combinaciones diferentes que funcionan. De vez en cuando improviso y la cago, como todos. Un pañuelo blanco bastaría para añadir un poco de clase pero no era, en absoluto, necesario, iba a trabajar, exactamente igual que cualquier otro día. 

Cuando estoy en la puerta de la oficina me doy cuenta de que la corbata que he elegido está manchada, la camisa tiene un botón de menos y los calcetines son los del agujero en el dedo gordo, los mismos que debí haber tirado hace bastante más de dos o tres semanas. Buen comienzo.


"Siempre me quedará Youtube" o "Nanna (Bis)"

By Nuwanda


A ella, por presentarme a Nanna.

Cuando los hombres estamos solteros tenemos una tendencia incontrolable a enamorarnos durante un período determinado de tiempo y creo que yo aún sigo dentro del mismo. Estoy escribiendo sobre la amistad entre hombres y mujeres, algo en lo que creo o creía, y todo son dudas. Conozco a una azafata, de la que os hablaré próximamente, y no me quito ni su figura ni su sonrisa de mi cabeza. Y, peor aún, voy al concierto de Of Monsters And Men y todo raciocinio de mi cabeza desaparece, sólo habiendo espacio para ella, para mi musa, para Nanna.


¿Beber con el enemigo? Esta vez no



Fuente: www.cuv3.com

Tengo un amigo que siempre se metía en peleas en nuestra época de adolescentes. Lo habitual era que la culpa de todo la tuviera el alcohol pero no siempre. Parecía atraer las movidas, como las llamábamos entonces y un poco también ahora, sin necesidad de hacer nada para merecer un tortazo a mano abierta, seguramente uno de los golpes más humillantes que existen para un hombre. Resultaba inexplicable y frecuente, demasiado.


De ladridos y huelgas de hambre






Siempre quise tener un perro. Lo pedía constantemente y lo seguí haciendo hasta que el Estado opresor que eran mis padres para un sevidor en aquella época accediera a dialogar con terroristas emocionales como yo. Como buen negociador que debí ser, intenté ponerlo muy fácil. Ni una peseta de por medio, adoptaríamos uno. Añadí al trato el firme compromiso de pasear al perro todos los días, tanto por la mañana como por la noche –a mediodía era imposible– siempre que me dejaran salir solo, algo a lo que respondían "dentro de un año o dos" desde hace cuatro. Entregué, además, un exhaustivo dossier sobre las razas, los comportamientos, sus tamaños máximos, el tipo de alimentación de cada una y un anexo con una guía básica de adiestramiento canino que me había dado un primo mayor. Me lo curré pero la negativa fue tajante. 

Decidí perseverar.


Joder Maribel....

Buenos días...


Una mañana de domingo de hace no mucho, el sol irrumpió en mi casa cual alunicero en una joyería. El dolor de cabeza era importante, muy importante, inversamente proporcional a la calidad de alcohol de los garitos de la noche madrileña. Tenía piernas hinchadas y la garganta no me permitió ni cagarme en el hijo-de-puta-cabrón que apagó un cigarro en mi antebrazo.

También es probable que me auto-mutilara pero preferí descartarlo.

Tras pocos minutos de desconcierto y posicionamiento espacio-temporal, en mi cabeza sólo había dos cosas: café y tostada, tostada y café. Nada más.

Me pregunté: ¿dónde están mis pantalones? Vi mis zapatos, mi camisa, mis calcetines, los restos de la cena, la comida y el desayuno y el vaso, ese vaso asqueroso que tenía la pinta de ser mi última copa, uno de esos vasos de plástico que recuerdas transparentes y que sin embargo pierden su transparencia pasadas unas horas y mutan a un color grisáceo, como si de lo tóxicos que son se consumieran solos y, por supuesto, ni rastro de mis pantalones.

Tenía hambre y la naturaleza es sabia...

Una historia de violencia

Recuerdo que paseaba por la calle con mi madre, mi santa madre. Caminábamos tranquilos hacia no recuerdo dónde. Me contaba cómo era mi abuelo cuando ella era joven, lo poco que le gustaban que mi madre saliera por la noche y lo mucho que leía, siempre leyendo y siempre con su cigarrito...

Dos chicos de origen árabe estaban sentados en un banco fumándose un cigarro. Debían tener mi edad de entonces, 16 años. Se quedaron mirando a mi madre fijamente. Yo sabía de qué iba el rollo pues habían intentado, y conseguido, atracarme en varias ocasiones estando de fiesta por ahí.

Me puse muy nervioso, estaba totalmente en tensión porque me preparaba para cargarme a alguien, al que diera el tirón al enorme bolso de mi madre. Sabía exactamente lo que iba a hacer porque me habían dado tiempo para pensar. Le iba a poner una zancadilla al que pasara más cerca de mi madre y después lo patearía. Con el paso de los segundos aumentaban los nervios, mis ganas de hacerlo y mi confianza en mi mismo. Se iban a cagar.

Se acercó uno por detrás sin cortarse un pelo y me di media vuelta interponiéndome entre mi madre y él. Me miró fijamente durante unos segundos pero pasó por mi derecha, por mi brazo bueno, el más rápido. Mi madre se enteró de todo y me dijo en voz baja y tensa: "hijo no hagas tonterías, no va a pasar nada". Al intuir una jugada peor por parte de nuestros nuevos amigos procedí a quitarme el cinturón y entonces... 

Entonces mi madre gritó: "¡Hijo para yaaa!" y rompió a llorar con mucha fuerza. Se incorporó con energía, dio dos pasos al frente y señalando a los semi-muertos atracadores gritó desconsolada, acorralada: "¡largo de aquí hijos de putaaa....! ¡Largo de aquí ahora mismo!" Y funcionó. Y todo quedó allí..

Y volvimos a casa y no volvimos a comentarlo..

Como ir al puti

Ir a la peluquería siempre es una experiencia excitante. La aleatoriedad del profesional que nos corta el pelo es un aliciente enorme para visitar el establecimiento con asiduidad y contarles a ustedes lo que sucede.

Hoy, he pensado que estaba en un puti club.
–Hola, buenas tardes.
–Hola buenas
–Qué desea?
–Cortarme el pelo –gracias Sara
–Con alguien en especial? ¿Tiene alguna preferencia? –como si de una colección de objetos se tratara, otea el horizonte mientras su brazo señala el género.
–Normalmente me corta él pero le veo liado
–Sí, tendrías que esperar dos turnos pero puede cortarte ella –señalando hacia la terrorista.
–Muy bien
–Pase a los lavabos por favor. Gracias

Una cita borrosa

Estoy en Sevilla y hace no mucho tiempo tuve la suerte de cruzarme con un viejo ligue sevillano de la adolescencia en la red social profesional Linkedin. La cosa no fue nada serio, dos besos y un poco de culo, no hubo oportunidad.

Decidí escribirla a través de ésta red social y le comenté, con la suficiente antelación, que visitaría su ciudad durante este fin de semana. Le alegró bastante para mi sorpresa y no dudó en ningún momento en quedar conmigo. Me dió su móvil sin mucho esfuerzo pero, como aprendí hace ya tiempo, pasé un poco de ella.

Finalmente la escribí y le redordé nuestra quedada. No lo había olvidado lo que es una buena señal en sí mismo. Encima, reafirmó sus ganas de quedar. Me alegré, me dió morbo. Hace tanto que no la veo que no sé nada de ella por lo que será lo más parecido a una cita a ciegas que he tenido jamás.

El destino es puñetero y ha querido que el día de mi cita borrosa caiga en Sevilla el maldito Diluvio Universal. Por el momento viene y va, se puede salir pero te arriesgas a volver empapado. Sólo dos minutos bajo la intensa lluvia son suficientes para tener que escurrir los calzoncillos, algo poco sexy creo yo...

No tengo nada claro cómo comportarme con alguien con quien estuviste cerca de follar y sin embargo han pasado 8 ó 10 años sin verla. Por esto no puedo llamarlo cita a ciegas, es más bien una cita borrosa, un chica a la que conciste pero no conoces, una chica que ha dejado de ser una adolescente. Es oficial: esta situación me pone malo.

Recuerdo como era entonces. Un poco loca pero divertida, problemática si viviera en Sevilla pero perfecta para las visitas ocasionales. Creo que ella se lo pasó muy bien conmigo y espero que el recuerdo que ella guarde sea, también, positivo.

Espero que no se raje en el último momento aunpese que lo entendería y si finalmente viene, espero que la lluvia se convierta en mi aliada y guíe nuestra cita por el camino más seguro a la vagina. La lluvia puede ser cojonuda o nuestra peor pesadilla si de echar un polvo hablamos.

Espero que ésta vez la lluvia sea una buena samaritana con un necesitado como yo... Sea como sea, se lo contaré.

El corte

No soy ningún pijo y no puedo decir que tengo que un estilista pero sí tengo un peluquero favorito. Además tengo uno muy curioso aunque hablaré sobre él en otro momento ya que hoy, y he aquí el dilema, no estaba. Hoy no estaba cuando he llegado y por tan sólo 15 minutos me ha tenido que cortar el pelo la típica cuasianciana que según la ves te das cuenta de que por llevar 40 años cortando el pelo se cree el mismísimo Llongueras y te va a cortar tan rápido, y se la suda tanto como te quede, que no vas decir ni "muu", por si acaso.

Con pulseras de todo tipo y condición, casi como si de un manojo de campanillas se tratara, agarra la maquinilla antes de preguntarme nada. No es que no la vaya a necesitar, es que me gusta tener algo de poder sobre mi corte de pelo, más aún con los precios que hay pagar hoy en día.

–Como lo quieres? –me pregunta con la tranquilidad de cuatro décadas de experiencia, como si la satisfacción del cliente fuera el mero hecho de dejarse cortar el pelo por ella.
–Como lo llevo, pero más corto. –y matizo– Corto por los lados y por detrás y más largo por arriba. Suelo llevar raya por motivos de trabajo. –antes de acabar ya tenía el 3 puesto en la maquinilla.
–Te paso un tres, te parece? Y luego te voy rebajando con la tijera –ya casi empezando...
–Insisto: es como lo tengo pero más corto.

Food & Sex & Sports

Hoy he tenido una comida de trabajo con dos compañeros. Los tres somos bastante amigos y tenemos la confianza suficiente como para dedicar la conversación del almuerzo al sexo opuesto y al sexo en general. En los tres casos estamos bastante necesitados. Por mi parte por la sequía que arrastro desde el caluroso verano y por la de los otros por estar insatisfactoriamente casados y con hijos.

Al fondo de la barra había un hombre entrado en años con una madura espectacular, guapa, insinuante, sexy... Un bombón vaya. El comentario estaba ya servido: "O es puta o una trepa". Los chochitos escandalizaréis por el comentario pero así de simples somos o, mejor dicho, así simplificamos la vida. Los 15 minutos siguientes a esta primera observación fueron prácticamente iguales aunque alternando entre todas las mujeres allí presentes. Lo típico...

El primero comentó que una de ellas podría dormir de pie pues calzaba como mínimo un 43 aunque todos coincidimos en que tenía morbazo y que nos la tiraríamos. Concluye, por si no había quedado claro, diciendo que es un fetichista de los pies. El segundo comenta que el olor del pelo es una de sus debilidades y que por ello las fumadoras no le gustan mucho. Comento, ante semejante sarta de gilipolleces, que para "escrupulosos y exquisiteces, a putas".

Yo, como dice el Guardián entre el Centeno, creo en las chicas que saben a ginebra, tabaco y lápiz de labios. Me gustan rasurados, arreglados o casi salvajes. Me gustan los pies grandes y los pies pequeños aunque en cualquier caso deben estar limpios. Me gustan las mujeres más altas que yo, las de mi altura y a las que saco una cabeza pues no me parece un tema importante cuando se está tumbado en un sofá.

Me gusta comer con los compañeros y tirar de boquilla. Exagerar los rasgos negativos y exagerar los rasgos positivos, sin ponernos nunca de acuerdo en cuál de las allí presentes es la más follable. Ya de vuelta a la oficina comentamos que Mirotic, el jugador del Real Madrid de baloncesto, puede hacernos una putada si finalmente decide jugar con su país de origen, "Serbia, Montenegro o el que cojones sea".

Fdo. Nuwanda

Escribe o espera, princesa

El sábado pasado, durante el ya famoso cumpleaños de los cuellos dobles y los morreos en la mesa, conocía a una chica. Amiga de una prima, 21 ó 22 años, locuaz, morena, guapa, muy sonriente y con curvas. Un caramelo para un necesitado en una noche de alcohol y colegas, de tabaco y hormonas, de salsa barbacoa y de cerveza. La temperatura fue ascendente de principio a fin, fue realmente divertido, nada guarro, muy sutil.

Como en toda noche inolvidable, una de esas noches que sin ser nada del otro mundo son especiales para todos, hubo bailoteo y after casero, caldo de cultivo de un polvo en ciernes, el que le voy a echar a la más mínima oportunidad. Pensarán que soy un flipado y no hay nada más lejos de la realidad, la suerte es para los que la buscan y yo no es que la haya buscado, es que si llega a retrasarse un poco más hubiera requerido de ayuda profesional aunque no... no creo que... me lo puedo permitir, quiero decir.

También puedo asegurarles, con mayor firmeza que lo de no ser un flipado, que no soy gilipollas. Las señales eran escandalosas, debió soltarse el sujetador porque no dejó de arrimar teta cada vez que tenía la oportunidad y yo notaba pezón, estaba tan salida como yo y borracha, como yo también... Le voy a dar lo suyo aunque antes de poder hacerlo tengo la duda de si debo escribirla o no.

Debería hacerme el duro, e incluso el ofendido pues tras ofrecer mi humilde morada como cobijo de sus húmedos muslos prefirió irse a casa en pro de poder pagar el transporte entre varias personas. Tiempo después, tras pensar que otra zorra me había rechazado, caí en la cuenta de que eran las 9:30 de la mañana, la gente salía a desayunar y si supiera que puedo tirarme a un tío, no habría problema en hacerlo el fin de semana siguiente.

Nos cruzamos algunos mensajes:

–Tendré que beberme el gin yo solo...
–reserva algo para la próxima
–Creo voy a terminar con todo ahora mismo, tendré que pensarlo mucho
–jajajajajajjajja –longitud aproximada
–Te va a costar convencerme
–Noo No lo pienses
–No te lo mereces
–Como que nooo?? Si he estado a topeee
–Y lo bien que hubieras estado, en fin.... Ya veremos
–el finde que viene, más y mejor
–Lo pensaré
–ajajajajajja

Con todo no la voy a escribir, al menos no de momento. Que escriba o espere. Cero tonterías. Si no lo hace, el viernes a mediodía: mensajito claro y cariñoso, intentar alejarla del campo de influencia de sus amigas, sacarla de su mundo y traerla al mío. Sinceramente, tengo puntos a favor pero tampoco puedo hacer el tonto pues es una buena amiga de una prima muy querida y la familia es sagrada. Incluso por encima del sexo.

Sea lo que sea, será con mucho amor...

#NormasParaRecordar: No jodas a la familia 
(PD.- Sobre todo si pueden presentarte a más amigas...)

Cumpleaños

Los cumpleaños de los buenos amigos constituyen siempre una de las mejores excusas para emborracharse. Personalmente tiendo a recordar viejos momentos cuando celebramos alguno de ellos. Ya sé que uno de los propósitos de este blog es precisamente no rebozarse en el pasado para afrontar el futuro de otra forma, con otro aire y así es.

Cuando recordamos entre amigos la cosa es diferente pues siempre solemos hablar de buenos momentos, de grandes anécdotas y de grandes cagadas. Imaginamos cómo hubieran sido nuestras vidas si hubiéramos tomado decisiones diferentes. No me he planteado si es bueno o malo porque si me lo paso bien, si disfruto de la noche, si esa noche se convierte por si misma en una buen recuerdo al que acudiremos años después para regocijarnos de lo estúpidos, infantiles y borrachos que éramos, habrá merecido la pena sin duda alguna.

Se nota que vamos creciendo y ya son 25 palos a nuestras espaldas. Ya no nos limitamos a beber en cualquier banco de la calle o en la casa de quien estuviera sin padres. Ahora nos vamos a cenar y la borrachera posterior tiene lugar en algún garito de moda madrileño, a ser posible rodeados de amigas/guarras/objetivos potenciales y demás fauna nocturna.

Los cumpleaños molan aunque la tendencia inevitable es que cada vez nos gusten menos. Es algo proporcional al número de años que se cumplan. Llegará un día en que tras la cena de rigor, seamos pocos los que nos vayamos a tomar copas puesto que el resto tendrá que acostar a los niños, cumplir con la mujer o trabajar horas de más. Cada vez irán molando menos porque nosotros iremos molando menos.

#NormaParaRecordar: Celebra cada cumpleaños como si fuera el último

Busca la anécdota

By Nuwanda



Habitualmente, al volver al casa del trabajo, paro en el típico 24 horas. Ese del que siempre estás demasiado lejos cuando tienes hambre a las 4 de la mañana y ya no puedes ingerir más alcohol, esos. Tengo la enorme suerte de vivir casi encima de uno de esos nocturnos restaurantes con cuatro Estrellas Michelín en los que lo que menos importa es la cuenta.

Siendo las 8 de la tarde aproximadamente entro para comprar algo de cenar "Nada por aquí, nada por allá... mmmm.... pues salchichas que así casi no friego".  Lo curioso es que sabiendo lo que hay y sabiendo que la única calidad garantizada es la de las bolsas de plástico que te cobran a 3 céntimos la unidad, al final siempre regreso en busca de "algo para cenar" para después salir con un paquete de salchichas de Oscar Mayer –por lo menos sé lo que estoy comiendo–.