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Hechos son (des)amores

By Nuwanda



A veces la vida explica las cosas a guantazos. Mis mejores amigos tienen la sana costumbre de decirme lo que piensan en ese mismo momento, sin filtros, sin importar nada más, y aunque puede resultar doloroso, es sobre todo útil. Pero la vida, como decía, es un poco más puta, carece de sentimientos –desde luego no hacia mí– y constituye un flujo constante de personas, sorpresas y desengaños. Las palabras pueden ser muy jodidas, más cuanta mayor verdad encierren, pero los hechos son implacables y no dejan lugar.


Los hombres que no bailan

By Nuwanda


Bailar está bien.

Los hombres en general no bailan. Puede que muevan un poco las piernas y de vez en cuando algún movimiento de cadera pero bailar, lo que se dice bailar, no bailan.

Los hombres de bien no queremos bailar, no creemos necesitarlo. Si fuera necesario, imprescindible, una cuestión de vida o muerte, sólo bailaría aquellas disciplinas que tienen como objetivo seducir a las mujeres. Esos bailes que no dejan pasar el aire, esos en los que casi sin querer los besos se suceden, esos bailes que uno siempre recuerda.

Tango, salsa, vals y otros tantos que no sé ni cómo se llaman...

Ininterrumpible

By Nuwanda



He pedido un café con leche, un zumo de naranja y unas tostadas con tomate y aceite para empezar bien el domingo, víspera de la vuelta al trabajo. Cojo un periódico y sobrevuelo sus titulares en busca de algo interesante que leer. No hay mucho pero siempre encuentro firmas que me gustan. 

Si encuentro dos cosas que leer, pido otro café.

Absorto en la lectura, un ruido distrae mi atención. Es el ruido de unos tacones, ese ruido

Kill Resaca

El viernes la borrachera fue histórica. Mi horario fue de 17:00 a 4:30. Sin parar de beber, comiendo lo justo y fumando de menos por la puta ley antitabaco. Vaya sudada me pegué, es como si me hubieran puesto algo en la copa, baya borrachera joder...

Sin perdonar la oportunidad, el sábado no fue para menos... Cerveza, mojitos y gin tonics, buena mezcla, mezcla mortal... Apenas he dormido dos horas.

Un fin de semana etílicamente de récord.

Es domingo y en mi cabeza desfila el mismísimo ejército de Alejandro Magno. Los párpados caen sin frenos y no puedo seguir escribiendo. Apenas puedo hablar aunque tampoco me gusta hacerlo cuando escribo. La garganta pica y la boca es arena. 

Me duelen los tobillos, parecen chorizos. No debí saltar tanto. La chaqueta que llevé el viernes está echa una verdadera mierda, bolsillo descosido incluido. Tengo tres sellos en los brazos, esos que te ponen cuando sales de un garito... Somos como ovejas...

Me duelen los ojos, mi fotosensibilidad se ha multiplicado.

Vaya tardecita de domingo.

Busco entre mis archivos una película que anime el ambiente. Entre las primeras opciones siempre aparece alguna de Quentin Tarantino. Entre las segundas podemos encontrar de todo. Desde cine bélico hasta la más chochona de las comedias románticas. Ahora mismo no todas valen igual.

Consumo Nestea y alguna CocaCola –esto no es publicidad–, miro en la nevera por si diviso algo de picar pero no tengo esa suerte, es domingo. Sólo veo algo de embutido en la despensa pero ni rastro de pan de ningún tipo aunque tampoco estoy para exquisiteces.

Apuesto por Kill Bill, la 1 y si me despierto un poco también la 2. Estamos que lo tiramos.

Cómo no animarse con una de las mejores escenas de violencia que he visto nunca...



Tú, yo y mi resaca

–Ponme una cervecita
–¿Doble o caña?
–Doble, la duda ofende joder...


Me encanta tener resaca. Ese martilleo cerebral, esa boca seca y esa voz de ultratumba son tres señales inequívocas de una gran noche, son pruebas de que aún seguimos vivos, de que no somos sólo trabajadores o soldados. Tener resaca es una sensación cojonuda y yo estoy enganchado. 

Un juntaletras como yo ve en la resaca un estado mental más sensible y un estado físico que sólo permite teclear...


–Ponme un whisky –digo con aplomo confianza
–¿Ballantines? –me pregunta sonriente una voluptuosa camarera
–Johnnie Walker... –respondí mientras pensaba en sus perfectos pechos



Hoy no he dormido solo. Hoy, como tantos otros días desde mi soltería, me he acostado con mi almohada. Abrazado a ella como si de la mismísima Charlize se tratara, he deslizado mis brazos con suavidad y lentitud e incluso me he levantado con cuidado, para no molestarla, para no despertarla. 

La luz del sol oscurecía mi futuro próximo pues debo sortear un par de obstáculos para llegar al baño... Casi caigo tras el primer paso.

Persiana bien arriba, casi tanto como para no volver a bajar jamás. Medio edredón bajo mi pierna y medio edredón en suspensión, bajera salvajemente descolocada. Un calcetín en mi pie y otro en la mesilla de noche. Un zapato bajo la cama, cajetilla de Marlboro vacía en las proximidades y un cigarro aplastado por el suelo.


–¿Me pones lo mismo de antes?
–Cómo quieres que recuerde lo que te he puesto
–Perdona no creí que fueras deficiente mental pero es que como somos 6 en el bar... ¡Bueno da igual!, whisky con Coca-Cola. Gracias
–De nada



Mi jarra de agua sin tapa sobre el escritorio. Ordenador encendido y ardiente, un capítulo de Breaking Bad pausado en los títulos finales, el YouPorn abierto en otra pestaña junto a Twitter, el blog y Facebook. "¡Ahí está mi móvil!" y tiene dos llamadas perdidas de mi CNMV particular y tres whatsapp a horas indecentes con una ortografía indigna. 10% de batería...

Una tabla de madera con un cordón de Espetec Casa Tarradellas, un cuchillo y muchas migas, todo repartido por la mesa del salón. Ropa por doblar apilada en en el sofá, otro par de calcetines usados y "¡joder mi otro zapato!". Seis corbatas sobre el pomo de la puerta y unas zapatillas metidas en el revistero.

–¿Has visto mi chaqueta?
–La has traído puesta al garito seguro
–Gracias Sara



La camisa sobre el fogón de la cocina junto a los restos de una bacanal. Una manzana, una botella de Coca-Cola vacía, un sobre de salchichón abierto y tres vasos con restos de diferentes bebidas. Una cazuela con el tomate reseco y un tenedor dentro. Una caja vacía de galletas Tosta Rica, un bric de leche vacío y un trapo colgando del grifo.

Unas zapatillas de fútbol junto a la lavadora –está tengo en el baño–, 8 botes de diferentes cosas sobre el lavabo. Pasta de dientes, gomina, Listerine, gotas, un frasco de Abercrombie y un after shave, y mis gafas entre otras cosillas. Las llaves de casa sobre la cisterna del retrete junto a un mechero sin gas. Un pantalón de pijama sobre la lavadora y más calcetines por el suelo.

–Buenas noches
–Buenas noches, ¿qué desea?
– Ponme una hamburguesa de ternera, dos Nestea, una bolsa de ésas patatas, un mechero y activa la máquina. Y me llevo un paquete de galletas...
–¿De éstas?
–Las Tosta Rica por favor 



Marcas de guerra, agujetas de baile, olor a alcohol y tabaco, un tobillo maltrecho, las amígdalas como pelotas de golf, la garganta como una cañería de plomo y visibilidad reducida durante las cuatro horas posteriores al levantamiento. Y por supuesto una casa echa una mierda.

El recuerdo borroso de una bella mujer bailando conmigo, ese perfume que aún me sigue a todas partes, el tacto de su firmeza al rodear su cintura, el escalofrío cuando me hablaba al oído y la inseguridad de su proximidad. Estaba guapa la muy hija de puta y sólo por ella, por esos momentos, merece la pena salir, beber y sufrir las consecuencias.

Creo que voy a ponerme una copa para no perder mi estado semi-inconsciente.

PD.- Dedicado a Ella, como no podía ser de otra forma.

#Nuwanda

Escribe o espera, princesa

El sábado pasado, durante el ya famoso cumpleaños de los cuellos dobles y los morreos en la mesa, conocía a una chica. Amiga de una prima, 21 ó 22 años, locuaz, morena, guapa, muy sonriente y con curvas. Un caramelo para un necesitado en una noche de alcohol y colegas, de tabaco y hormonas, de salsa barbacoa y de cerveza. La temperatura fue ascendente de principio a fin, fue realmente divertido, nada guarro, muy sutil.

Como en toda noche inolvidable, una de esas noches que sin ser nada del otro mundo son especiales para todos, hubo bailoteo y after casero, caldo de cultivo de un polvo en ciernes, el que le voy a echar a la más mínima oportunidad. Pensarán que soy un flipado y no hay nada más lejos de la realidad, la suerte es para los que la buscan y yo no es que la haya buscado, es que si llega a retrasarse un poco más hubiera requerido de ayuda profesional aunque no... no creo que... me lo puedo permitir, quiero decir.

También puedo asegurarles, con mayor firmeza que lo de no ser un flipado, que no soy gilipollas. Las señales eran escandalosas, debió soltarse el sujetador porque no dejó de arrimar teta cada vez que tenía la oportunidad y yo notaba pezón, estaba tan salida como yo y borracha, como yo también... Le voy a dar lo suyo aunque antes de poder hacerlo tengo la duda de si debo escribirla o no.

Debería hacerme el duro, e incluso el ofendido pues tras ofrecer mi humilde morada como cobijo de sus húmedos muslos prefirió irse a casa en pro de poder pagar el transporte entre varias personas. Tiempo después, tras pensar que otra zorra me había rechazado, caí en la cuenta de que eran las 9:30 de la mañana, la gente salía a desayunar y si supiera que puedo tirarme a un tío, no habría problema en hacerlo el fin de semana siguiente.

Nos cruzamos algunos mensajes:

–Tendré que beberme el gin yo solo...
–reserva algo para la próxima
–Creo voy a terminar con todo ahora mismo, tendré que pensarlo mucho
–jajajajajajjajja –longitud aproximada
–Te va a costar convencerme
–Noo No lo pienses
–No te lo mereces
–Como que nooo?? Si he estado a topeee
–Y lo bien que hubieras estado, en fin.... Ya veremos
–el finde que viene, más y mejor
–Lo pensaré
–ajajajajajja

Con todo no la voy a escribir, al menos no de momento. Que escriba o espere. Cero tonterías. Si no lo hace, el viernes a mediodía: mensajito claro y cariñoso, intentar alejarla del campo de influencia de sus amigas, sacarla de su mundo y traerla al mío. Sinceramente, tengo puntos a favor pero tampoco puedo hacer el tonto pues es una buena amiga de una prima muy querida y la familia es sagrada. Incluso por encima del sexo.

Sea lo que sea, será con mucho amor...

#NormasParaRecordar: No jodas a la familia 
(PD.- Sobre todo si pueden presentarte a más amigas...)

Cumpleaños

Los cumpleaños de los buenos amigos constituyen siempre una de las mejores excusas para emborracharse. Personalmente tiendo a recordar viejos momentos cuando celebramos alguno de ellos. Ya sé que uno de los propósitos de este blog es precisamente no rebozarse en el pasado para afrontar el futuro de otra forma, con otro aire y así es.

Cuando recordamos entre amigos la cosa es diferente pues siempre solemos hablar de buenos momentos, de grandes anécdotas y de grandes cagadas. Imaginamos cómo hubieran sido nuestras vidas si hubiéramos tomado decisiones diferentes. No me he planteado si es bueno o malo porque si me lo paso bien, si disfruto de la noche, si esa noche se convierte por si misma en una buen recuerdo al que acudiremos años después para regocijarnos de lo estúpidos, infantiles y borrachos que éramos, habrá merecido la pena sin duda alguna.

Se nota que vamos creciendo y ya son 25 palos a nuestras espaldas. Ya no nos limitamos a beber en cualquier banco de la calle o en la casa de quien estuviera sin padres. Ahora nos vamos a cenar y la borrachera posterior tiene lugar en algún garito de moda madrileño, a ser posible rodeados de amigas/guarras/objetivos potenciales y demás fauna nocturna.

Los cumpleaños molan aunque la tendencia inevitable es que cada vez nos gusten menos. Es algo proporcional al número de años que se cumplan. Llegará un día en que tras la cena de rigor, seamos pocos los que nos vayamos a tomar copas puesto que el resto tendrá que acostar a los niños, cumplir con la mujer o trabajar horas de más. Cada vez irán molando menos porque nosotros iremos molando menos.

#NormaParaRecordar: Celebra cada cumpleaños como si fuera el último