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Luz y voz

By Nuwanda



La historia religiosa está llena de luces. La estrella de David llevó a los Reyes Magos hasta el lugar donde nació Jesús. Unas luces llevaron al ermitaño Paio a la tumba de un hombre enterrado con su cabeza bajo el brazo y que después sería documentada como la tumba del Apóstol Santiago. Y como éstas, muchas otras en todas las religiones y culturas.

Otros, éstos poco devotos, han escuchado voces que les animan a hacer algo, bueno o malo. Desde cargarse a su tío a cuchillazos puesto de cocaína hasta tirarse por la ventana con la seguridad de que surcaría los cielos en ayuda de la humanidad. Algunos aseguran escuchar a sus antepasados, por ejemplo.

Verdad o no, posible o imposible, a todos conocemos una historia así.

Mañana o pasado


Papá, me temo que una chica guapa me hace caso y quiero quedar con ella. Lamento mucho no ir a comer, ella merece la pena. Puedo ir mañana o pasado a cenar...


De ladridos y huelgas de hambre






Siempre quise tener un perro. Lo pedía constantemente y lo seguí haciendo hasta que el Estado opresor que eran mis padres para un sevidor en aquella época accediera a dialogar con terroristas emocionales como yo. Como buen negociador que debí ser, intenté ponerlo muy fácil. Ni una peseta de por medio, adoptaríamos uno. Añadí al trato el firme compromiso de pasear al perro todos los días, tanto por la mañana como por la noche –a mediodía era imposible– siempre que me dejaran salir solo, algo a lo que respondían "dentro de un año o dos" desde hace cuatro. Entregué, además, un exhaustivo dossier sobre las razas, los comportamientos, sus tamaños máximos, el tipo de alimentación de cada una y un anexo con una guía básica de adiestramiento canino que me había dado un primo mayor. Me lo curré pero la negativa fue tajante. 

Decidí perseverar.


¿Te quieres casar conmigo?




Cuarentón, soltero y toda la vida trabajando. Nunca le prestó atención, o no la suficiente, a la posibilidad de casarse. Ninguna le convenció y siguió trabajando. Se le daba bien y alcanzó el éxito tempranamente.

Fue allí, en el trabajo, en la oficina, cuando Ella, bastante más joven que él, se cruzó en su camino cambiándolo todo de lugar.

Y fue mutuo.

No tardaron en empezar a salir. A Él le encantaban sus vaqueros y Ella era su admiradora número uno. Casi un año y medio después celebraron su casamiento entre familiares y amigos. A los pocos meses nació el primer niño. Meses después el segundo y después el tercero hasta llegar al cuarto. Cuatro criaturas endiabladas con edades muy próximas de las que siempre serían responsables. Por si no había trabajo, la abuela parió...


Debería ir más a desayunar


Querido Papá,

De niño nunca me gustó el café. Mamá y tú lo tomabais constantemente, a todas horas dados los horarios laborales que soportabais y aunque ahora os compadezco, entonces no. Me daba asco. Lo que menos me gustaba de todo era el olor a café por las mañanas, ese olor fuerte y penetrante que lo inundaba todo, que se colaba por la rendija de luz de la puerta de mi habitación, demasiado intenso para mis pacíficos y silenciosos despertares. Sabía que el primero en levantarse siempre eras tú y aún mantienes la costumbre de dejar el café encendido mientras te duchas o lees las primeras noticias. Recuerdo salir de mi cuarto despacio y caminar suavemente pues todos sabíamos cómo reaccionabas a los sustos, algo peligroso incluso para ti mismo si sostenías un cafetera o una taza de café ardiente en una mano. Cuando me acordaba, daba una patada a la pared del pasillo para que supieras que había alguien despierto y anticiparas mi visita.

Bajaba el pomo de la puerta con energía y de puntillas y, a pesar del ruido que formaba al estampar mi cuerpo contra la cristalera para mantener el equilibrio, sólo asomaba la cabeza en un claro gesto de sigilo con el fin de evitar un accidente innecesario. Esperabas mirando hacia la puerta, esperando mi entrada. Yo me sentaba en una silla y me quedaba mirando cómo preparabas la bandeja para Mamá y lo que me tocara desayunar a mi. Siempre me hacías una caricia, dejabas el pan tostándose e ibas a ver a Mamá. Como es lógico, las tostadas habitualmente se quemaban pues siempre tardabas más de lo previsto y dejaban una mezcla de olores que entonces no aguantaba y que, ahora, sin embargo, echo en falta.


El arte del azote (I)


La mesa estaba puesta y la señora de la casa gritaba con todas sus fuerzas en reclamo de la presencia de la manada en la espectacular mesa que había preparado. Gritaba sin parar y no dejó de hacerlo hasta tener a todos los miembros de la familia sentados en sus pre-asignados asientos.

El evento tenía lugar en el salón principal de la casa, el de los días especiales, y la mesa estaba engalanada pues se celebraba el cumpleaños del menor de los cuatro hijos.

La cocina era un auténtico espectáculo que levantaría de su tumba al mismísimo Adam Smith. Los platos preparados estaban estratégicamente colocados, como si de una ofensiva militar se tratara. Cerca de la vitrocerámica hacía un calor insoportable y el olor de la salsa que acompaña la carne alimentaba por sí solo. Cerca de la ventana hacía un frío tan inesperado como inexplicable, y allí, entre témpanos, reposaban tanto la ensaladilla rusa como el jamón serrano que, como la salsa, alimentaba sólo con mirarlo.

Aquella mesa era un pozo sin fondo, era una máquina de comer. Como en un lavadero de coches, los platos entraban repletos de comida y salían limpios y brillantes, como con lavado premium. Solo sobró un poco de ensaladilla que con toda seguridad no llegó viva a la cena.

La carne no parece del gusto de todos. Al parecer, la cebolla que incluye tanto la salsa como la carne no es del agrado del homenajeado y se niega a comer. No debería sorprender pues llevaba años gritando a los cuatro vientos que odiaba la cebolla pero las formas estaban totalmente fuera de lugar dado el motivo de la comida y el esfuerzo que la madre había puesto en prepararlo todo con cuidado y cariño.

–Yo no quiero carne. Lleva cebolla y deberías saber que odio la cebolla.
–Hijo ¿de verdad no vas a tomar carne? –dice la madre con una mezcla visible de culpabilidad y preocupación por la nutrición del niño.

El padre miraba atónito la escena. Su mujer le cogía de la mano en un intento por evitar el desastre. Él espera. Sabe que en algún momento se pasará de la raya.

–!No, no voy a tomar carne joder¡ !Vaya mierda de cumpleaños¡ –dice a gritos y sin delicadeza.
–Vete de la mesa ahora mismo –dice el padre ante el empírico estado anímico de su mujer.
–No me voy a ir. ¡Es mi cumpleaños y no me sale de los cojones irme!
–He dicho que te vayas. O te vas o te saco yo.
–Vas a tener que echarme papá porque no pienso moverme.

El padre procede a levantarse enérgicamente pero el niño se levanta a toda velocidad ante la inminencia de un soplamocos bien dado, alianza matrimonial incluida, y se marcha de la estancia. El padre da media vuelta, vuelta a la tranquilidad de una comida familiar que consideraba perfecta. Pero a los pocos segundos, el sonido de la cerámica haciéndose pedazos catapultó al patriarca hacia la habitación contigua. Pudo haber atravesado la puerta si hubiese sido necesario pero no hizo falta.

La imagen del desastre confirmó las sospechas sonoras. El niño se había cargado el jarrón, el jarrón bueno, el grande, ese que el matrimonio había comprado en su viaje de novios a China y Japón.

Se podía freír un huevo frito en la frente del padre. Estaba rojo como un tomate, con las venas de la frente hinchadas como mangueras de bomberos y los ojos estaban tan salidos que parpadeaba por detrás.

Tras unos segundos de reflexión y sosiego, el padre se acerca y agarra al chiquillo por una de sus muñecas y lo levanta todo lo que puede sin que el pequeño delincuente despegue los pies del suelo. El chaval estaba ya de puntillas y, con un movimiento brusco de brazo, el padre consigue girar al chico para...

ZAS!! –le pega un azote en el culo con la mano bien abierta, con el brazo que aún tenía libre. 
ZAS!!! –el chico parecía aguantar estoicamente el segundo. 
ZAS!!! –una lágrima asoma... 
–Perdona papá!! Ha sido un accidente!! –dice el pequeño entre llantos. 
ZAS!!! 
–Que es verdad!! Que ha sido un accidente!! –grita el
–No es verdad. Nos has fastidiado la comida a todos y tu madre ha trabajado mucho para que todo estuviera perfecto pero tú... Tú.... Eres un egoísta y has roto el jarrón porque te has puesto de mala leche por la puta cebolla de la carne
–Y de la salsa!! 
ZAS!!!


Apunte Nuwanda:

Soy de los que piensan que un azote a tiempo funciona de puta madre en la educación de un niño pero no seré yo el que recomiende hacerlo. Este azote es el denominado "Merecido" y suele quedarse en modo bucle hasta que las nalgas no puedan apoyarse en un mínimo de una hora.

Gracias por todo

Por decirme que no
Por regañar sin herir
Por corregirme con tacto
Por educar en la excelencia
Por predicar con el ejemplo
Gracias por darme alas y enseñarme a volar

Por no tener un mal gesto
por no haberme gritado nunca
Por no imponer condiciones
Por no faltar nunca a la verdad
Por no dar motivos para dudar
Gracias por no dejarme conocer la envidia

Por rezar por mi
Por ser La Paciencia
Por escucharme hasta caer
Por confiar hasta en la mentira
Por desear siempre, siempre, mi compañía
Gracias por tener, para mi, siempre una sonrisa

Por no rendirte conmigo
Por no considerar nada imposible
Por no intentar que fuera como tú
Por no estar siempre fuera de casa
Por no permitir que me conformara
Gracias por no dejarme nunca, nunca, solo

Por preocuparte noche y día
Por demostrar amor "para toda la vida"
Por haberme levantado cuando no veía
Por abrazarme incluso cuando no soy yo
Por creer que "tu mayor" cambiará el mundo
Gracias por hablar siempre de mi con cariño y orgullo

Gracias por enseñarme que es mejor dar
Gracias por quererme siempre más
Gracias por vivir en la humildad
Gracias por mejorar con la edad
Gracias por elegir a mamá
Gracias por todo Papá