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Luz y voz

By Nuwanda



La historia religiosa está llena de luces. La estrella de David llevó a los Reyes Magos hasta el lugar donde nació Jesús. Unas luces llevaron al ermitaño Paio a la tumba de un hombre enterrado con su cabeza bajo el brazo y que después sería documentada como la tumba del Apóstol Santiago. Y como éstas, muchas otras en todas las religiones y culturas.

Otros, éstos poco devotos, han escuchado voces que les animan a hacer algo, bueno o malo. Desde cargarse a su tío a cuchillazos puesto de cocaína hasta tirarse por la ventana con la seguridad de que surcaría los cielos en ayuda de la humanidad. Algunos aseguran escuchar a sus antepasados, por ejemplo.

Verdad o no, posible o imposible, a todos conocemos una historia así.

Pre-mamá

By Nuwanda

Mi amiga Anónima me creyó capaz de hablar sobre el instinto maternal y vaya si lo soy.

De niño, estuve en un colegio privado y religioso y en Ciencias Naturales saqué mi primer diez en el tema de Reproducción Humana. No entraba en mí, estuve eufórico durante una semana, los bedeles del colegio me lo repetían al entrar por la puerta del pabellón, "enhorabuena chico, bien hecho". Era grande, sabía más que nadie sobre ellas y su sistema reproductor. De mayor sería un follador.



Las teorías antropológicas aseguran que el instinto maternal resulta atractivo de forma subconsciente porque implica que la hembra cuidará bien de los retoños. Mi amistad con la antropología no tiene límites conocidos pero si tuviera uno, ése sería el de un bicho borracho que lleva dos horas siguiéndome y persiguiéndome allá por dónde voy con el convencimiento de que soy el mejor padre para sus hijos.

¡Vais! ¡Vais!

Bienvenido

By Nuwanda


Un día abres los ojos y todo es nuevo. Dónde antes sólo había oscuridad ahora sólo hay luces, sombras, colores y movimiento. Dónde antes no escuchabas nada ahora todo son voces enlatadas, gritos bajo el agua y susurros indescifrables. Pese al importante avance, sigue sin ver apenas nada.

Las luces abandonan la pátina rosada que las cubría y los colores empiezan a saturarse. Una enorme variedad de tonos, tramas y colores toman nitidez velozmente, tan rápido que vuelves a cerrar los ojos de nuevo para no marearte. La frecuencia parece ajustarse y empiezas a distinguir sonidos más o menos con sentido pero que aún no eres capaz de interpretar.

Tienes hambre, mucha hambre, parece que no has comido nunca, y sed, mucha sed.

Vaya nochecita has debido pasar...

La mayor riqueza


Extracto del artículo "Dejad paso al mañana" que escribe Josep Giralt para El País.

Habitamos un mundo donde existen individuos que tapizan su trayectoria con cadáveres o muertos vivientes. Y esto no les impide dar el pego ni parecer totalmente adaptados a la sociedad. Suelen aparecer en las portadas de los periódicos y revistas y están posicionados como los mejores profesionales en el ranking de los medios de comunicación. Algunos de ellos están considerados como ejemplos a seguir en esta sociedad que nos machaca repetidamente para que nos ocupemos sólo de nuestro propio bienestar. ¿Pero que mayor riqueza puede existir que la felicidad de aquellos a quienes amamos?

Mi madre me enseñó...


Así estaría yo, a la bartola...

Hace pocos días fue el día de la madre. Normalmente, un juntaletras en oportunidades como yo suele regalar unas palabras de cariño y admiración en este tipo de ocasiones pero por motivos que no vienen al caso, no fue posible. Pude leer en Twitter los mensajes enviados bajo el hastag #MiMadreMeEnseñó y los recuerdos me invadieron...

Mi madre no pudo educar de uno en uno. Tuvo que hacerlo en modo grupo. Y, no sé si queriendo o sin querer, utilizó su numerosa maternidad como argumento principal en muchas de sus lecciones...


¿Te quieres casar conmigo?




Cuarentón, soltero y toda la vida trabajando. Nunca le prestó atención, o no la suficiente, a la posibilidad de casarse. Ninguna le convenció y siguió trabajando. Se le daba bien y alcanzó el éxito tempranamente.

Fue allí, en el trabajo, en la oficina, cuando Ella, bastante más joven que él, se cruzó en su camino cambiándolo todo de lugar.

Y fue mutuo.

No tardaron en empezar a salir. A Él le encantaban sus vaqueros y Ella era su admiradora número uno. Casi un año y medio después celebraron su casamiento entre familiares y amigos. A los pocos meses nació el primer niño. Meses después el segundo y después el tercero hasta llegar al cuarto. Cuatro criaturas endiabladas con edades muy próximas de las que siempre serían responsables. Por si no había trabajo, la abuela parió...


Debería ir más a desayunar


Querido Papá,

De niño nunca me gustó el café. Mamá y tú lo tomabais constantemente, a todas horas dados los horarios laborales que soportabais y aunque ahora os compadezco, entonces no. Me daba asco. Lo que menos me gustaba de todo era el olor a café por las mañanas, ese olor fuerte y penetrante que lo inundaba todo, que se colaba por la rendija de luz de la puerta de mi habitación, demasiado intenso para mis pacíficos y silenciosos despertares. Sabía que el primero en levantarse siempre eras tú y aún mantienes la costumbre de dejar el café encendido mientras te duchas o lees las primeras noticias. Recuerdo salir de mi cuarto despacio y caminar suavemente pues todos sabíamos cómo reaccionabas a los sustos, algo peligroso incluso para ti mismo si sostenías un cafetera o una taza de café ardiente en una mano. Cuando me acordaba, daba una patada a la pared del pasillo para que supieras que había alguien despierto y anticiparas mi visita.

Bajaba el pomo de la puerta con energía y de puntillas y, a pesar del ruido que formaba al estampar mi cuerpo contra la cristalera para mantener el equilibrio, sólo asomaba la cabeza en un claro gesto de sigilo con el fin de evitar un accidente innecesario. Esperabas mirando hacia la puerta, esperando mi entrada. Yo me sentaba en una silla y me quedaba mirando cómo preparabas la bandeja para Mamá y lo que me tocara desayunar a mi. Siempre me hacías una caricia, dejabas el pan tostándose e ibas a ver a Mamá. Como es lógico, las tostadas habitualmente se quemaban pues siempre tardabas más de lo previsto y dejaban una mezcla de olores que entonces no aguantaba y que, ahora, sin embargo, echo en falta.


Las chicas del "Me Gusta"

{Reconstrucción]



Como cada domingo, he comido en casa de mis padres. Y como cada domingo que como en casa de mis padres, me han sometido a un interrogatorio sobre mi vida sentimental. Vida que, por otro lado, he pasado, como quién dice, tirado en el sofá comiendo helado y viendo películas de un tiempo a esta parte.

Todo comenzó, como no podía ser de otra forma en mi casa, por un comentario muy poco inocente de mi hermano...

–Me ha dicho tu hermano que te gusta una chica.
–¿Y esa gilipollez? Tú, !eres un cabrón! Si te cuento algo no es para que tergiverses y provoques a mamá –digo señalando con el dedo mientras todos se ríen de mi.
–Él sabrá. Me ha dicho que hay una chica que se nota que te gusta...
–Pero a ver... ¿Qué coño te ha dicho? No sé en qué se basa...
–Dice que hace muchos "Me Gusta" en Facebook y que cuando quedáis miras mucho el móvil.
–Mamá, eso lo hace todo el mundo. Todo el mundo le da al "me Gusta" y todo el mundo está enganchado al móvil y yo soy de los que menos, reconozco que no es lo que más me gusta del mundo...
–Ya ya, me ha explicado lo de Facebook, pero dice que está siempre ahí, que pongas lo que pongas le da al "Me Gusta" ese... Que ya es casualidad que sea "Me Gusta" porque podría ser "mola" o "recomiendo" o como quiera que habléis los jóvenes ahora
–Pues sinceramente hay tres o cuatro chicas que hacen lo mismo habitualmente, es algo muy normal sin ningún significado. Además, yo procuro no escribir gilipolleces, suelo poner cosas chulas. Una canción, una foto chula, un artículo que he visto o un vídeo... No sé... Podría ser cualquiera de ellas.

El arte del azote (I)


La mesa estaba puesta y la señora de la casa gritaba con todas sus fuerzas en reclamo de la presencia de la manada en la espectacular mesa que había preparado. Gritaba sin parar y no dejó de hacerlo hasta tener a todos los miembros de la familia sentados en sus pre-asignados asientos.

El evento tenía lugar en el salón principal de la casa, el de los días especiales, y la mesa estaba engalanada pues se celebraba el cumpleaños del menor de los cuatro hijos.

La cocina era un auténtico espectáculo que levantaría de su tumba al mismísimo Adam Smith. Los platos preparados estaban estratégicamente colocados, como si de una ofensiva militar se tratara. Cerca de la vitrocerámica hacía un calor insoportable y el olor de la salsa que acompaña la carne alimentaba por sí solo. Cerca de la ventana hacía un frío tan inesperado como inexplicable, y allí, entre témpanos, reposaban tanto la ensaladilla rusa como el jamón serrano que, como la salsa, alimentaba sólo con mirarlo.

Aquella mesa era un pozo sin fondo, era una máquina de comer. Como en un lavadero de coches, los platos entraban repletos de comida y salían limpios y brillantes, como con lavado premium. Solo sobró un poco de ensaladilla que con toda seguridad no llegó viva a la cena.

La carne no parece del gusto de todos. Al parecer, la cebolla que incluye tanto la salsa como la carne no es del agrado del homenajeado y se niega a comer. No debería sorprender pues llevaba años gritando a los cuatro vientos que odiaba la cebolla pero las formas estaban totalmente fuera de lugar dado el motivo de la comida y el esfuerzo que la madre había puesto en prepararlo todo con cuidado y cariño.

–Yo no quiero carne. Lleva cebolla y deberías saber que odio la cebolla.
–Hijo ¿de verdad no vas a tomar carne? –dice la madre con una mezcla visible de culpabilidad y preocupación por la nutrición del niño.

El padre miraba atónito la escena. Su mujer le cogía de la mano en un intento por evitar el desastre. Él espera. Sabe que en algún momento se pasará de la raya.

–!No, no voy a tomar carne joder¡ !Vaya mierda de cumpleaños¡ –dice a gritos y sin delicadeza.
–Vete de la mesa ahora mismo –dice el padre ante el empírico estado anímico de su mujer.
–No me voy a ir. ¡Es mi cumpleaños y no me sale de los cojones irme!
–He dicho que te vayas. O te vas o te saco yo.
–Vas a tener que echarme papá porque no pienso moverme.

El padre procede a levantarse enérgicamente pero el niño se levanta a toda velocidad ante la inminencia de un soplamocos bien dado, alianza matrimonial incluida, y se marcha de la estancia. El padre da media vuelta, vuelta a la tranquilidad de una comida familiar que consideraba perfecta. Pero a los pocos segundos, el sonido de la cerámica haciéndose pedazos catapultó al patriarca hacia la habitación contigua. Pudo haber atravesado la puerta si hubiese sido necesario pero no hizo falta.

La imagen del desastre confirmó las sospechas sonoras. El niño se había cargado el jarrón, el jarrón bueno, el grande, ese que el matrimonio había comprado en su viaje de novios a China y Japón.

Se podía freír un huevo frito en la frente del padre. Estaba rojo como un tomate, con las venas de la frente hinchadas como mangueras de bomberos y los ojos estaban tan salidos que parpadeaba por detrás.

Tras unos segundos de reflexión y sosiego, el padre se acerca y agarra al chiquillo por una de sus muñecas y lo levanta todo lo que puede sin que el pequeño delincuente despegue los pies del suelo. El chaval estaba ya de puntillas y, con un movimiento brusco de brazo, el padre consigue girar al chico para...

ZAS!! –le pega un azote en el culo con la mano bien abierta, con el brazo que aún tenía libre. 
ZAS!!! –el chico parecía aguantar estoicamente el segundo. 
ZAS!!! –una lágrima asoma... 
–Perdona papá!! Ha sido un accidente!! –dice el pequeño entre llantos. 
ZAS!!! 
–Que es verdad!! Que ha sido un accidente!! –grita el
–No es verdad. Nos has fastidiado la comida a todos y tu madre ha trabajado mucho para que todo estuviera perfecto pero tú... Tú.... Eres un egoísta y has roto el jarrón porque te has puesto de mala leche por la puta cebolla de la carne
–Y de la salsa!! 
ZAS!!!


Apunte Nuwanda:

Soy de los que piensan que un azote a tiempo funciona de puta madre en la educación de un niño pero no seré yo el que recomiende hacerlo. Este azote es el denominado "Merecido" y suele quedarse en modo bucle hasta que las nalgas no puedan apoyarse en un mínimo de una hora.

Y, por supuesto, Ella.

Nunca falta el jamón serrano del bueno, ni el foie, ni las croquetas, ni la ensaladilla rusa de mi tía, la mejor que he probado, magnífica. Botellas de vino de distintos calibres, aunque en mi familia no se bebe todo lo que me gustaría, y una carne rellena diferente cada Navidad. Tres tipos de tartas, una mousse de chocolate exquisita, champagne, turrón y demás dulces típicos navideños y un copazo...

Me he llevado tres tupperware y un par de paquetes de tabaco de papá.

Dicen que la Navidad es un momento para compartir con los seres queridos y así la he celebrado yo desde que el mundo es mundo para mi, desde que sólo tenía pelusilla en la cabeza, desde que podía cagarme encima y ni llorar para que me limpiaran el trasero.

Contando con algunas bajas, cada año nos juntamos las mismas personas, los mismos rostros, los mismos temas de conversación y se agradece a pesar de sentirme como un niño de 8 años teniendo 25. La familia tiene esa capacidad.

Los más mayores van muriendo y son sustituidos por pequeñas criaturas del demonio que un día serán hombres y mujeres de bien, de más bien que yo, espero. Los treintañeros tienden a casarse y sus ausencias son cada año más frecuentes. Quedamos los solteros, los emparejados, los menores, los universitarios, los ninis... 

Siempre me acuerdo del resto de personas importantes, esas que no cenan conmigo pero que echo en falta en la mesa. Aquella profesora que cambió mi forma de ver el mundo, aquél amigo que pese a la escasa relación que mantenemos sé que me quiere como un hermano, aquella chica con la que una noche lo pasé bien y nunca volví a ver y, por supuesto, Ella.

Qué difícil es olvidar en Navidad.

Espero que vuestra cena fuera tan gratificante como la mía.



Llamar a mamá

En el cine, las primeras palabras de un niño suelen ser "mamá" o "papá" aunque en la vida real pueden ser otras muy distintas.

Soy más de papá pero fue mi madre la que cargó con mis dificultades para comer, mis llantos cuando ella se se arreglaba para ir a trabajar y la violencia que profesé a mis hermanos cuando los celos se volvían incontrolables.

La adoro. La admiro. Mataría por ella.

Estar a su lado es un oasis de paz de en un mundo en guerra, una casita perdida en la montaña, un submarino bajo una tormenta. Me da tranquilidad, me siento seguro. No sé cómo lo consigue.

No necesito contar muchas cosas para que lo sepa todo. Sólo con mirarme es capaz de adivinar lo que voy a decir a continuación y, sin poder esperar a que lo diga, me da la solución antes siquiera de conocer el problema.

No tengo otra, ni ganas. Ella se basta y se sobra.

Desde que vivo fuera, todo es un poco más distante, un poco más difícil. Me he vuelto un poco hipocondríaco y cada cosa que me pasa puede ser el inicio del fin de los días. Cada tos puede ser el primer efecto de un cáncer, cada mareo puede ser la antesala de un desmayo y cada taquicardia puede ser el comienzo de un infarto... 

Me falta paz. Me falta mamá. Y, claro, llamo por teléfono...

–Hola mamá

–Hola mi vida, ¿cómo estás?
–Muy bien, aquí trabajando.

–¿Tienes mucho lío?
–Un poco, de aquí final de año estaré bastante liado.

–Pero... ¿Estás bien, no? Te noto raro...
–Es que tengo la sensación de taquicardia madre.

–¿Te late rápido el corazón?
–Sí, un poco. La verdad es que no me había pasado.

–Eso es estrés hijo, necesitas descansar más.
–Ya lo sé mamá pero no tengo tiempo. Intentaré descansar esta noche, me acostaré pronto.

–Eso y cena algo ligero y tómate una tila antes de acostarte. Eso te relajará y dormirás mejor. ¿A que también te duele un poco la espalda?
–Sí, ¿qué significa eso?

–Pues lo dicho, que descansas poco y mal. En cuanto duermas dos días seguidos ocho horas se te pasa seguro pero eso sí, si te asustas me lo dices que nos vamos a urgencias en un momento.
–No, no. Tranquila. Creo que estaré bien. Hoy fumaré menos y no tomaré café después de comer. Procuraré respirar a fondo y estar tranquilo.

–Eso y descansa hijo por favor, no me dejes preocupada que lo de no tenerte en casa me da una cosa...
–Yo también te echo de menos mamá pero así es la vida...

–Qué me vas a decir mi vida...
–Gracias mamá

–¿Estás tonto? A mi no me tienes que dar las gracias por nada que para eso soy tu madre. Sólo faltaba...
–Gracias mamá

–¡Bueno! haz el favor de hacerme caso y si pasa cualquier cosa me llamas. Pero me llamas ¿eh? ¿EH?
–Síííííí... No te preocupes, no ves que acabo de hacerlo... Te quiero madre

–Y yo a ti mi sol, no trabajes mucho y diles que te suban el sueldo...


#NormasParaRecordar: Llamar a mamá

"Voy a ser padre"

No, no voy a ser padre. Yo no. Un amigo me ha dicho hoy que va a serlo. La verdad es que me ha alegrado el día. Se le veía emocionado y feliz. Daba envidia aunque no estoy en la fase de que me gusten los niños.

La peña se hace mayor, cambia por completo. El que tenías por un imbécil ha resultado ser un genio y el típico envidiado de clase ya no es nadie. Así, en unos años... Y yo sin darme cuenta de –casi– nada. Te enteras cuando te empiezan a llegar invitaciones de fiestas de compromiso, invitaciones de boda, de bautizos... Y en un descuido, en un piti de mediodía, en una tranquila tarde de sábado; un día te dicen: "voy a ser padre".

Me alegro y me alegro mucho por todos ellos. Son grandes noticias que siempre celebro como se merecen, y un poco más, pero siempre acabo empatizando, poniéndome en el lugar de otro, en el lugar del inminente pater y me cuesta dormir...

Siempre quise ser más mayor de lo que era y ahora quiero ser más joven de lo que soy. Supongo que no es una cuestión de edad sino de mentalidad, no es cosa de años sino de cómo los voy cumpliendo. Ahora quiero alcohol, mujeres, revistas, viajes, colegas, fútbol, cine, blogs, fotos, despedidas... Y claro, no veo la llamada de la naturaleza por ningún lado, ni para novias ni, mucho menos, para niños...

Los niños molan pero de lejos. Da gusto verlos pero no tanto tenerlos, o sí, que sé yo...

Siempre digo que prefiero no tener niñas. No lo hago por mi, lo hago por ellas, por sus primeros novios, por el último de todos, ufff...

Pues eso, ¡Rock and Roll! Que la vida es corta...


Yo, por si sale niña, me he apuntado aquí. Y cuando ahorre algo me pillaré esta belleza para acojonar al chaval...

¿Acojona verdad?



Gracias por todo

Por decirme que no
Por regañar sin herir
Por corregirme con tacto
Por educar en la excelencia
Por predicar con el ejemplo
Gracias por darme alas y enseñarme a volar

Por no tener un mal gesto
por no haberme gritado nunca
Por no imponer condiciones
Por no faltar nunca a la verdad
Por no dar motivos para dudar
Gracias por no dejarme conocer la envidia

Por rezar por mi
Por ser La Paciencia
Por escucharme hasta caer
Por confiar hasta en la mentira
Por desear siempre, siempre, mi compañía
Gracias por tener, para mi, siempre una sonrisa

Por no rendirte conmigo
Por no considerar nada imposible
Por no intentar que fuera como tú
Por no estar siempre fuera de casa
Por no permitir que me conformara
Gracias por no dejarme nunca, nunca, solo

Por preocuparte noche y día
Por demostrar amor "para toda la vida"
Por haberme levantado cuando no veía
Por abrazarme incluso cuando no soy yo
Por creer que "tu mayor" cambiará el mundo
Gracias por hablar siempre de mi con cariño y orgullo

Gracias por enseñarme que es mejor dar
Gracias por quererme siempre más
Gracias por vivir en la humildad
Gracias por mejorar con la edad
Gracias por elegir a mamá
Gracias por todo Papá