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Creo en los valores

By Risto Mejide

“Creo en los valores. Un valor como creencia que te obliga a un sacrificio. Y que no te engañen, no hay valores a medias. No existen. Un valor es un siempre dicotómico, binario: unos y ceros, o se practica todos los días y a todas horas, o no es. Uno no puede practicar la honestidad de 9 a 5 y luego llegar a casa y pegársela a su primera dama con una actriz. Hollande, Clinton, Miterrand. Un valor no lleva interruptor. Si no puedo confiar en la persona, jamás podré confiar en el profesional. Y viceversa.”


Fuente (Aunque no estoy de acuerdo en muchas otras cosas, en la cita lo clava)

La mayor riqueza


Extracto del artículo "Dejad paso al mañana" que escribe Josep Giralt para El País.

Habitamos un mundo donde existen individuos que tapizan su trayectoria con cadáveres o muertos vivientes. Y esto no les impide dar el pego ni parecer totalmente adaptados a la sociedad. Suelen aparecer en las portadas de los periódicos y revistas y están posicionados como los mejores profesionales en el ranking de los medios de comunicación. Algunos de ellos están considerados como ejemplos a seguir en esta sociedad que nos machaca repetidamente para que nos ocupemos sólo de nuestro propio bienestar. ¿Pero que mayor riqueza puede existir que la felicidad de aquellos a quienes amamos?

Vasopresina

Extracto del artículo "Monogamia" de Juan Abreu en Jot Down.

La famosa monogamia, siempre conectada en nuestra fantasía y en la literatura a la fidelidad a la decencia y a toda clase de supuestas virtudes morales, resulta que se llama vasopresina.

¿Virtudes morales? Chorradas.

Vasopresina.

En 2008, un equipo de investigación del Instituto Karolinska, de Suecia, examinó el gen receptor de vasopresina en 552 hombres en relaciones heterosexuales a largo plazo. Los investigadores descubrieron que una parte del gen llamado RS3 334 puede aparecer en número variable: un hombre podría no tener ninguna copia en esta sección, una copia, o dos. Cuantas más copias, más débil es el efecto que la vasopresina tendría en el flujo sanguíneo. Los resultados fueron sorprendentes en su simplicidad. El número de copias guardaba correlación con el comportamiento monógamo de los hombres. Los hombres con más copias de RS3 334 sacaban peor nota al medir su vínculo de pareja. Los que tenían dos copias tenían más posibilidades de quedar solteros, y si se casaban, tenían más posibilidades de sufrir problemas maritales (Eagleman).

Vasopresina.

Naturalmente, y esto también lo dicen los neurocientíficos, el libre albedrío cuenta (si es que existe, que puede ser que no), y el entorno, cuenta. Pero algunos hombres tienen una inclinación genética a tener una sola pareja, y otros no. A algunos hombres les resulta muy fácil ser monógamos (no es ningún mérito suyo, es una particularidad genética sobre la que no tienen poder alguno), y a otros les resulta muy difícil, y no es que sean unos calentorros o unos “depravados”, es que tienen más copias de RS3 334 y no pueden hacer nada por evitarlo. O muy poco.

Habitación 125



Estaba en el vagón de la cafetería. Pedí un sandwich mixto y un refresco y cogí el manido y casposo Marca. Me instalé en una de esas mesas que están pegadas a las ventanas y me quedé absorto mirando el horizonte mientras preparaban mi menú. Abrí el Marca. "El Barca sigue intratable". Volví al horizonte. "Vaya toligo eres" me dije. "Leyendo el marca, comiendo un puto sandwich y sin ningún otro plan por delante que trabajar y perder el tiempo en el hotel" me reproché. "Vaya toligo eres" me repetí. Fui duro conmigo mismo, lo sé, pero en aquél momento lo merecía. No siempre tenemos la suerte de que alguien nos diga: hazlo.

Recordé a un bloguero que sigo que propone cambiar la actitud hacia la vida, un payaso llamado Nuwanda que tiene pinta de ser un pajillero pero que de vez en cuando me da para escribir un tuit interesante, y decidí actuar en consecuencia. "Hay que emborracharse", eso fijo. "Hay que hacerlo fuera del hotel", seguro, también. "¿Amigos?", uffff... "Un poco pereza". Por casualidad recordé que tenía una amiga en la ciudad y tuve la misma sensación que cuando pillas 13 aciertos en la Quiniela. Decides mandarle un mensaje de tanteo. Un "Hola ¿qué tal todo?" con un par de frases  más y que incluya la expresión "estoy de camino a tu ciudad". All in. Ella responde y sube la apuesta, quiere quedar –14 aciertos–. El tema se pone interesante.


Muy de vicios


Os dejo un extracto de la entrevista que hizo Jot Down a Hernán Casciari, un referente, con el que me siento identificado. Puede que un día le haga competencia escribiendo, editando o promoviendo ¿quién sabe?

Además soy muy de vicios. Me tengo un poco de miedo y me controlo. Escribir es sin duda el vicio más placentero y beneficioso que he tenido nunca aunque también tienen sus efectos secundarios. Escribiré sobre ello algún día...

[...] 
En tu último libro dices que no entiendes a la gente hiperactiva, pero viendo todo lo que has hecho los últimos años, podrías parecer uno de ellos. 

Desde que estoy casado tengo la sensación permanente de que soy terriblemente vago y no hago absolutamente nada, porque lo que hago en el fondo tiene una sensación muy grande de vicio. Las endorfinas que me generan esto son las mismas que en los años 90 me generaba el jugar al poker por dinero. Son las mismas endorfinas: una cosa obsesiva, impulsiva, no sana. 
¿Cómo conseguiste salir del poker? ¿Lo sustituiste por escribir? 

Al principio de los años 90 era cocainómano, después jugaba mucho al poker y luego escribía mucho. Para mí todo es lo mismo, lo que pasa es que algunas cosas están mejor vistas, pero desde dentro el no poder pensar en otra cosa más que en lo que estoy haciendo ahora no se diferencia mucho de pensar martingalas para jugar a la ruleta e irme de un casino a otro. Por eso el despertar siempre es culposo. Yo estoy muchas horas pergeñando ideas o escribiendo cosas que, de hecho, se las quito a mi hija, como un cocainómano, un alcohólico o un ludópata. No es sano. 
No es sano para ti, pero por lo menos esto tiene un efecto positivo para los demás. 

Eso forma parte de lo otro, que se piensa que soy hiperactivo, cuando lo que tengo en realidad es un vicio muy grande donde hago estas cosas que, por suerte, me divierten y no están mal vistas socialmente; pero nada más que eso. En el ámbito familiar tengo las mismas culpas que un vicioso.
[...] 

Qué pasa cuando...


Según los científicos (Eagleman), eso que llamamos amor suele durar alrededor de tres años, antes de empezar su declive. Estamos programados “para perder el interés en una pareja sexual después de que haya pasado el tiempo necesario para criar un hijo, que es una media de cuatro años”. 
No lo dudo. Pero. 
Qué pasa cuando no se desvanece la engañifa y la engañifa se torna permanente. Cuando pasan los años (tres, cuatro, seis, diez o doce o veinte años) y sigues sin poder alejarte de la otra persona sin añorarla, cuando pasan los años y sigues pensando que su olor es el mejor perfume que existe, cuando pasan los años y sigues queriendo follar con esa persona por encima de todas las otras personas. (Ojo, no digo que no quieras follar con otras u otros, digo que si tienes que elegir siempre eliges a esa persona para follar por encima de cualquier otra). Qué pasa cuando pasan los años y sigues creyendo que sus ojos son los más bellos del mundo y su boca la más olorosa y su saliva un dulce jarabe y el sabor de su chocho superior, muy superior, a cualquier manjar imaginable.

Extracto del artículo Follar con amor de Juan Abreu en Jot Down.

Hay que leerlo.

Vivo a pesar de todo


¿Qué se puede hacer en Navidad?

Se puede uno asomar a la ventana y mirar el mundo. Con calma. Sin tiempo. Saboreando el aquí y el ahora. Contemplando el arbolito de la esquina, que siempre miras sin ver. Ahora puedes observar las ramas que el frío ha desnudado, y la gallardía con que aguanta el bufido tóxico de los autobuses, los corrosivos orines de los perros, la escasez de agua, la calcinación de los veranos y la escarcha de las madrugadas invernales. No es de extrañar que al pobre arbolito se le vea tan canijo y deslucido. Pero, aún así, está vivo. Como tú, a pesar del agobio de estos tiempos.

[...]

Extracto del artículo "Navidad" de Rosa Montero en El País.

Gilipolleces, límites y curvas (R)

Hoy he leído un artículo que me ha resultado muy interesante. Es una reflexión sobre los límites, esos límites que tanto me gustan. En este caso, la autora reflexiona sobre el límite entre la amistad y el noviazgo, sobre qué es lo que marca la diferencia. Habla de los follamigos, del polvete suelto, de los novios, etc...

Competencias, de Berta López para Allegra Mag

Es un artículo escrito por una mujer presumiblemente para mujeres, o eso creo. Me apetece crear una nueva sección. Se llamará: Réplicas (R), Las Réplicas de Nuwanda. Como las de los Gallos de Red Bull.

En primer lugar quería dar mi opinión sobre la siguiente frase: "Desde que abandonamos el concepto “noviazgo” para sustituirlo por el de “amistad”, la cosa se ha complicado bastante". Me parece una soberana gilipollez aunque lo digo con cariño porque me ha encantado el artículo y la web. Yo tengo muy claro lo que es una novia y lo que no es una novia. Quizá las mujeres tengan ese problema –yo no soy consciente– pero los hombres lo tenemos todo clarinete.

Un amigo ha rechazado la palabra novio durante más de un año, desde que empezó con ella hasta hace pocos meses. Según él, no tenía novia. Quedaba con ella todas las semanas, mensajito por aquí, mensajito por allá, pero no era su novio. "Amigo, eso es una novia" le decíamos. Lo aceptó tarde, pero lo hizo y días después reconoció que para él siempre había sido su novia, incluso cuando no se portaba muy bien pero no quería acostumbrarse a decirlo delante de nosotros.

A la pregunta de "¿qué es lo que marca la diferencia entre novia y amiga?" creo que la mayoría de nosotros responderíamos que una amiga –estrictamente– es aquella con la que no te acuestas, es aquella con la que no planteas nada salvo con 16 copas de más, es aquella con la que hablas de otras mujeres, es aquella con la que hablas de sexo sin ponerte cachondo... Un amiga de toda la vida vaya.

Lo demás, es otra cosa. Es decir, el sexo sí marca una diferencia. La autora quiere pensar que son los sentimientos los que marcan la diferencia y es cierto pero los hombres sentimos de forma distinta, creo que aceptamos –y desechamos– los sentimientos más radicalmente –que no rápido, ojo–. 


Si nos sentimos bien con una chica que nos hace reír y que nos resulte atractiva siempre queremos más, siempre queremos saber más. No siempre hay motivaciones sexuales, unas veces termina en un polvete rápido, otras en una novia, otras en rollete pero siempre será divertido, que es lo importante.

Si hay amor y estabilidad, es una novia. Si sólo hay sexo y buen rollo, es una follamiga. Si somos amigos y nos acostamos hay dos opciones: un accidente o una amiga con derecho a roce ocasional –éste último caso suele derivar en amor u odio, el caso excepción–.

El tema de las competencias es otro cantar (por cierto, me parece una gran metáfora)...

Es cierto que hay amigas que parecen novias y novias que parecen amigas. Si una amiga se pone en plan: "deja de fumar" o "no bebas tanto", se está extralimitando. Si una novia te deja hacer lo que quieras, siempre que quieras y ella lo hace más que tú siempre, no será el tipo de novia que yo querría, para mi es más una amiga.

Existen otros casos como la follamiga que se cree novia, la que creemos novia y es nuestra follamiga, el accidente que que acaba en novia y el que acaba en enemiga... Ya entienden, una confusión de competencias en toda regla. Ya saben eso que dicen: "el sexo sólo da problemas", problemas de competencias, diría yo.

En estos casos, lo importante es que ambas partes sean medianamente maduras y pragmáticas. Si esto es así, todo se arregla hablando, poniendo límites, con sinceridad, etc... Si no lo es, empiezan las curvas, que también se disfrutan mucho...


Lo que no cabe en las películas

Os dejo un extracto del artículo "Una sobremesa" de Marcel Gascón en la revista Jot Down. Os recomiendo su lectura.

Sostiene en la tesis que fueron las películas las que nos enseñaron a decir te quiero, y lamenta que ya desde Shakespeare los directores se hayan dedicado casi exclusivamente al amor primero, nuevo. Las películas, coincidimos, nos han enseñado un modelo, que intentamos reproducir siempre y determina lo que es deseable en las relaciones, por encima a menudo de nuestras propias necesidades. Ceñirnos al canon del cine nos lleva a descartar muchísimas formas de afinidad y amor romántico y sexual que nos harían felices, pero que no cabrían en las películas.

Brain is new sexy

Las mujeres que leen son sexis. Empiezo con esta frase lapidaria para poner enseguida las cartas sobre la mesa: la inteligencia es erótica. Es ejemplar a este respecto la repetición del mantra “ brain is the new sexy ” por parte de Irene Adler en la reciente serie Sherlock: para amar y desear a alguien hay que admirarlo, y uno de los caminos más directos hacia la admiración es la chispa de la inteligencia.
Extracto del artículo: "Mujeres que leen, mujeres que duermen" de Josep Lapidario en Jot Down.

Más claro, agua.

No al "sexyperiodismo"

Me gusta la comunicación, me gusta leer y me gusta leer sobre comunicación. Dando vueltas por Twitter encontré un artículo que me ha dejado fascinado. Firma David Jiménez, experimentado periodista que nos regala todas sus opiniones no sólo sobre el periodismo actual sino también sobre el tipo de sociedad en que nos estamos convirtiendo. Yo estoy con él.

Cualquiera es capaz de imaginar que toda noticia titulada con alguna palabra fuera de lugar será la más leída durante el día y quizá lo más leído de la semana. Cada vez pasamos más tiempo en las páginas de deportes o secciones tipo "tecnología", "moda" y "vida personal". Tristísimo ¿no creen? Yo creo que sí.

Mi opinión al respecto es que nos estamos globalizando en muchos aspectos pero no todos son positivos. En el mundo industrializado todos tenemos los mismos refrescos, la misma ropa, las mismas colonias, la misma música, los mismos peinados, vemos las mismas series e incluso veraneamos en los mismos sitios. ¡Y es cojonudo! pero me temo que todo cuánto no compartimos cae en el olvido, queda desterrado del territorio de lo normal, y tendemos cada vez más a consumir únicamente los contenidos que podamos compartir o comentar.

Si adaptamos la información que consumimos a lo que "pueda hablarse o compartirse" estaremos sin duda perdiendo mucha información valiosa. Compartir, y me refiero a lo que hacemos en Facebook o Twitter, tiene mucho de quedar bien y poco de "esto es realmente importante" o de "mira lo que pasa en tal sitio". Es un claro retroceso cultural y eso es mucho mucho peor, –mucho, mucho– que una caída  de dos puntos del PIB.

Lean y opinen:


PD.- Yo escribo sobre muchas cosas y lo hago de forma soez, denigrante o maleducada pero no soy un periodista ni gano pasta con esto –al menos de momento– ni busco hacerme famoso. Me encanta mi vida y quiero que siga así, hago esto por una necesidad personal como he dicho en varias ocasiones, pero sé distinguir un blog personal de un buen diario de noticias y lo que digo es que hacen falta menos de los primeros –hay muchos muertos– y más de los segundos.

Apaga el ordenador cuando eches un polvo

No es que el ordenador sea tan inteligente que se ponga a grabar cuando estás en el tema, es que hay algún software capaz de controlar tu webcam sin que te des cuenta. Si prefieres no hacerlo lo entiendo, a mi mientras no se vea mi cara me daría igual pero procura tener el ordenador en un lugar que ofrezca un ángulo favorecedor de tu cuerpo, es decir, evita tenerlo a los pies de tu cama...

Si quieres saber algo más...

#NormasParaRecordar: Apagar el ordenador antes de echar un polvo