Continuamente oímos a las chicas solteras de nuestro entorno, especie menos abundante que el lince ibérico, decir que por la noche no se conoce a nadie “decente”, que es imposible encontrar a un machote con pelos en las piernas, un trabajo estable, camisa, zapatos y una conversación normal, que no interesante. Cuando oigo estas cosas, muchas veces pienso ¿Pero te has oído? ¿Te has mirado al espejo?. No me estoy refiriendo a la apariencia física que cada una la juega como quiere, puede o le aconseja su blogger de moda favorita, me estoy refiriendo a la imagen que las chicas damos por la noche o normalmente cuando se trata de conocer a un chico.
¿Alguna vez te has parado a pensar que atraes lo que proyectas? Estamos en un momento en el que las mujeres tenemos que ser una especie de transformers que sepan enamorar, trabajar, pensar, no pensar, adelgazar, comer sin engordar, parir, ahorrar, reír, enfadarse, ser pasionales, ser razonables, estar centradas, cocinar, ser maduras, ser mujeres, ser tíos, etc. pero no por ello tenemos que dejar de ser lo que somos, chicas. Chicas normales con sus preocupaciones, sus defectos, sus complejos y las más/menos afortunadas con su trabajo. ¿Por qué si somos así, cuando salimos por la noche nos empeñamos en parecer golfas atontadas que no saben más que beber, sonreír y hacer fila durante horas para mirarnos en el espejo e intentar retocar nuestro inexistente maquillaje? ¿Por qué intentamos conquistar a un hombre siendo tan naturales como una vaca?